Disponemos de unos nuevos soportes para la información con
unas propiedades y unas posibilidades a las que los historiadores
nos conviene prestar atención. Nuestro trabajo es inseparable de
soportes materiales (piedra, metal, arcilla, cera, papiro, pergamino,
papel, celuloide, y ahora los soportes magnéticos y ópticos) en donde
quedan registradas las fuentes que necesitamos y, también, porque
sobre ellos realizamos nuestra escritura.

