En el siglo XIX, el término «emigración» y su derivado «emigrado» suelen
aludir al exilio político -a menudo identificándolo con el exilio liberal o progresista-
más que a la emigración económica, que, sin embargo, en
el último tercio de la centuria fue cuantitativamente mucho más importante.
El artículo analiza la evolución de la imagen del exilio y del exiliado en
la sociedad española desde el primer éxodo de liberales y afrancesados en
1814 hasta el final de la centuria. El resultado es más complejo y contradictorio
de lo que podría parecer, tanto en la composición de los sucesivos
exilios políticos como, especialmente, en la multitud de imágenes y sensaciones
que produjo en sus protagonistas y en el conjunto de la sociedad.

