Hace un siglo que las historias de Israel y Palestina discurren paralelas.
Separadas, opuestas y entrecruzadas, las dos reflejan una relación
que, si bien está marcada por el conflicto, no está totalmente
determinada por él, ya que ambas siguen un ritmo propio en el que
intervienen múltiples factores, tanto de carácter social, político y cultural
como geográfico, en este caso dentro de un marco que es a la vez
local, regional e internacional.
En este ritmo propio existen puntos de inflexión que son comunes,
aunque sus resultados e interpretación no lo sean. No es casual
que una gran parte del debate historiográfico y político que se generaliza
a finales de los años ochenta, sobre todo entre los historiadores
israelíes, gire precisamente alrededor de algunos de esos puntos y
que, entre ellos, destaque 1948, momento fundacional del Estado de
Israel, cuya declaración de independencia se produjo en la noche del
14 de mayo, fecha en que las autoridades británicas finalizan su Mandato
sobre Palestina.

