Coincidimos con Morner en que la renovación de la Historia en América Latina procede, en su mayor parte, de pensadores foráneos o de aquellos investigadores y científicos sociales que cursaron sus estudios en Europa y Estados Unidos, recibiendo en estos países la influencia
de las nuevas corrientes historiográficas. Estas empiezan a incidir a partir de la década de 1950, especialmente en los años sesenta, cuando los historiadores latinoamericanistas y los latinoamericanos empiezan a modificar la forma de hacer historia de América.

