El estudio de la nacionalización de las masas en el contexto europeo
y español se suele enfocar desde un prisma que otorga una importancia
casi demiúrgica al Estado como agente creador de una identidad nacional
y unos códigos culturales compartidos entre una población recipiendaria
y pasiva. Las políticas públicas formales, desde la educación a la arquitectura
monumental, son así objeto de atención privilegiada por la historiografía.
Sin embargo, la construcción de identidades nacionales (como
de otras identidades colectivas), y su difusión social, no siguen únicamente
un proceso unidireccional de arriba a abajo. La sociedad civil
posee también una capacidad de generación de propuestas identitarias,
así como de respuesta y adaptación a las que se le proponen desde el
Estado. Y la difusión de una cultura nacional específica a través de
los géneros literarios y artísticos que se convierten en objetos de consumo
masivo, combinados con rituales y formas de sociabilidad y ocio, constituyen
una suerte de mecanismos de nacionalización informal.

