Es fuerte la tentación de limitar algunos aspectos del reciente debate historiográfico italiano, aquel más «ruidoso» y más visible en las páginas culturales de los periódicos y en los escaparates de las librerías, a los hechos y a las cuestiones políticas de los dos últimos y densísimos años. La creciente y avasalladora cantidad de obras que cuestionan la identidad nacional o que realizan balances concluyentes sobre la primera república parece estar en relación muy directa con manifestaciones epidiérmicas del debate político, más que con las mudanzas que se hallan en el fondo de aquéllas.

