Como es sabido, el desastre de 1898 pondrá en evidencia que España
no sólo era una «nación moribunda», como había proclamado lord Salisbury,
sino también que existía una profunda crisis de identidad nacional,
de credibilidad y de confianza en el sistema político forjado por Cánovas
un cuarto de siglo antes. Parafraseando a Leandro Prados, pienso que
puede sostenerse que la España de entonces se encontró ante la perplejidad
de constatar que estaba pasando «de imperio arruinado a nación
cuestionada» .

