Concebida desde el siglo XIX como una representación fiel de la
mujer popular y castiza española del siglo anterior, la maja fue en realidad,
fundamentalmente, una figura teatral cuya utilización por parte de
autores como Ramón de la Cruz cabe ser entendida desde el discurso
reformista que pretendía establecer una nueva relación entre los sexos.
La maja devino un tipo «moral» que encarnaba, en negativo, los valores
de la nueva feminidad virtuosa prescrita para las mujeres de las clases
acomodadas. A su vez, en ese proceso, era construida como objeto de
deseo al que debían resistirse los varones, cuya sexualidad también intentaba
regularse, si querían demostrar su superioridad sobre las mujeres y
sobre las clases populares. El majismo, una moda de las clases altas españolas
de finales de siglo consistente en vestirse y actuar como majos y
majas, más que una reacción tradicionalista y castiza, debe entenderse
como una forma de transgresión moral y sexual en el contexto del avance
de los nuevos discursos.

