Este artículo habla de la crisis de Melilla de 1893 y de las motivaciones
de la política exterior de la Restauración. Desplaza las interpretaciones
realistas e institucionalistas en favor de un análisis que
niega el carácter unitario de las políticas estatales en el ámbito internacional.
La regente y los gobernantes del partido liberal basaron sus
decisiones en percepciones que combinaron el desconocimiento con
el miedo a todo aquello que supusiera desestabilización del régimen
político. Esto les hizo escoger una solución diplomática respetuosa del
statu quo existente, en contra de una parte importante de la opinión
pública.

