España: ¿es una nación? Las definiciones de nación, inevitablemente
subjetivas, convencionales, son múltiples. No se trata, obvio es decirlo,
de entidades naturales o esenciales, sino de realidades culturales y
políticas históricamente fraguadas. Una nación, dice Eugenio Trías, refiriéndose
a España, sería, así, un «gran relato», interpretable de formas
muy diversas, con conflictos y tensiones -centro/periferia, norte/sur-,
aspectos gloriosos y momentos trágicos, dotado de lógica interna, cuya
grandeza radica en su carencia de «hecho diferencial»: «No apela a
rasgos etnolingüísticos; no se apoya como en los nacionalismos hispanos
de la dere(~ha nacional-católica, en el hecho diferencial religioso católico.
Tampoco apela a la Raza, o a la Etnia, o a la Gran Familia Nacional
(frente a maquetos, charnegos e inmigrantes).» Este gran relato, integrado,
«como el basso ostinato de la música», por las más diversas
variaciones narrativas, justifica que los demás países nos respeten y
miren «con consideración y atención».

