Desde comienzos de los años setenta, cuando se publicaron monografías
como las de K. D. Bracher o E. Colloti 1, hasta la marea
de publicaciones inaugurada con la monumental biografía de Hitler
escrita por I. Kershaw 2, la industria editorial española no tuvo la
demanda que justificara la edición de los textos que, con muy distinta
calidad, se han traducido en estos últimos cinco años. Como es sabido,
la producción nacional ha continuado siendo muy escasa y, aunque
los especialistas podían recurrir a los opulentos catálogos anglosajones,
el acceso a la historiografía sobre el nazismo quedó lastrado por
muchos factores. Entre ellos, la coincidencia entre los avances más
considerables en la caracterización del nazismo, realizados desde
mediados de los años setenta, y la absorción de los esfuerzos de
los historiadores españoles en la reconstrucción de los años centrales
del pasado siglo en nuestro país. Tal tarea obstaculizó, por una simple
cuestión de asignación de recursos, una información más adecuada
sobre las investigaciones actualizadas acerca del nacionalsocialismo
o, en general, del fascismo europeo. Algo tanto más lamentable cuanto
estos trabajos del exterior podían habernos proporcionado tentativas
útiles de explicación que hoy nos resultan tan obvias para comprender
nuestro propio pasado....

