Sin duda, el enfrentamiento entre Estados Unidos e Iraq que
ha dominado el interés durante los primeros meses de 2003 no es
una crisis ordinaria, al menos no según el patrón establecido desde
1991. La postura norteamericana es demasiado extrema para que
así sea. Lo es, asimismo, el tozudo cinismo del baazismo iraquí.
También ha sido excepcional la respuesta de la sociedad civil por
doquier y la protesta popular mundial. La coyuntura, pues, aunque
no vaya más allá, resulta una inflexión decisiva en la combinación
de factores que son las relaciones llamadas internacionales. Parecería
útil, por tanto, una perspectiva histórica.

