Desde el inicio de la guerra civil española, los sublevados contaron
con un ejército mientras los republicanos debieron organizarlo prácticamente
desde cero. Ambos bandos se adaptaron a los métodos de la guerra clásica,
sin acudir a las guerrillas, por diversas cuestiones técnicas y políticas. Los
generales insurgentes sometieron a las fuerzas sociales y políticas y canalizaron
todos los recursos humanos y materiales hacia la guerra. Los republicanos
estuvieron en desventaja desde el principio porque les faltaban los elementos
para formar un ejército: no sólo les faltaron los hombres sino también los
recursos.

