El tráfico ilegal de seres humanos para la explotación sexual y laboral no es un
fenómeno novedoso en la historia de la Humanidad. No tenemos que retrotraernos
muy lejos para encontrar algunos ejemplos significativos de esclavitud. Este hecho,
que se configura como una característica constante a lo largo de los siglos y que es
propio de sociedades fundamentalmente preindustriales e industriales, ha ido introduciéndose
de forma paulatina en sociedades avanzadas, adoptando nuevas formas y
adaptándose a las características de nuestra Sociedad Internacional actual.
La postguerra fría, la globalización, la transnacionalización del mundo actual han
provocado una mayor permeabilidad de las fronteras y como consecuencia nuevas
amenazas a la seguridad internacional. Entre éstas podemos afirmar, sin lugar a error,
que la esclavitud del siglo XXI, entendida como la explotación sexual y laboral, focalizada
en mujeres y niños provenientes de la inmigración ilegal, se ha convertido,
junto al terrorismo, en uno de los problemas más importantes que amenazan la estabilidad
de las sociedades estructuradas.

