La reciente creación de un poderoso grupo de rock femenino, Suffrajets
(emulando el nombre de las viejas militantes suffragettes), con
aspiraciones de revolucionar la participación femenina en la música,
puede parecer algo anecdótico. Pero no lo es tanto. Hace resonar el
eco de un espíritu que, más allá de sus límites cronológicos, mantiene
su poder de atracción y transmite un mensaje y una actitud desafiante
y cuasi corporativa entre las mujeres. Y éste, precisamente, es uno
de los logros del movimiento sufragista más allá de la consecución del
sufragio: el haber potenciado un sentimiento de orgullo colectivo
entre muchas mujeres, un espíritu reivindicativo y de acción común
que en su momento sirvió tanto de aprendizaje de ciudadanía y su
práctica política, como de surgimiento de identidad de género.

