El franquismo fue un régimen parafascista inserto en la Europa de
entreguerras. No alcanzó grados de consenso y adhesión comparables al
nazismo alemán o al fascismo italiano, pero lo cierto es que, a pesar de las
amenazas que hicieron peligrar su estabilidad durante los años cuarenta,
permaneció incólume y estable. El franquismo logró un cierto consenso
entre sus apoyos sociales, mientras que excluía a los vencidos de su proyecto
político. Tres fueron las claves para que fuese así: una «cultura de
la victoria» que legitimaba la situación, la represión sobre los vencidos y
la gestión de la miseria.

