Entre 1984 y 1986 el Partido Socialista Obrero Español cambió
radicalmente su discurso con respecto a la OTAN, abandonando
su vocación neutralista y apostando por la permanencia en la Alianza.
Este giro provocó graves contradicciones en su seno. Contradicciones
que vivió traumáticamente Izquierda Socialista, corriente interna constituida
en 1980 que defendió desde sus orígenes la neutralidad. Esta
posición neutralista contó con numerosos apoyos en el XXX Congreso
del PSOE (1984), pero resultó derrotada. A partir de entonces, y hasta
el referéndum de 1986, la grave crisis vivida por la corriente fue reflejo
de un modelo organizativo partidista, altamente jerarquizado, que dificultaba
seriamente el despliegue de corrientes en su interior.

