En 1988, Angel Duarte hacía un balance del republicanismo
español en el que constataba las limitaciones de la historiografía clásica
para enfrentarse al estudio de este importante movimiento político
social. Una historiografía demasiado apegada al estudio de los programas
y de la acción de gobierno en las breves coyunturas en que
accedieron los republicanos al poder y que, sin embargo, desatendía
otros ámbitos como el social o el cultural. Con todo, como apuntaba
el mismo Duarte, la excepción a aquel panorama la constituían otros
tantos trabajos de R. Reig y de M. Martí, en los que se incidía
en el análisis del populismo y en la conquista de la hegemonía social
a partir de las estructuras renovadas del republicanismo urbano. Y
es que, no en vano, los presupuestos teóricos de los que partían
estos trabajos estaban en consonancia con algunas de las propuestas
apuntadas por Duarte y aplicadas por él mismo en un estudio modélico
sobre el republicanismo en Reus.

