«Mi abuelo también fue un desaparecido», encabezó Emilio
Silva el artículo publicado en octubre de 2000 en La Crónica de
León en que, por vez primera, verbalizaba y daba visibilidad pública
al trauma familiar mantenido desde 1936. En su título, y
acaso inconscientemente, planteaba cuatro elementos narrativos
centrales, propios del posterior relato memorialista. A saber: mi
abuelo, fue, desaparecido. Pero, sobre todo: también. Que Silva
Faba, el abuelo de Silva, también fuese un desaparecido lo emparentaba
e identificaba automáticamente

