La Internacional Comunista decidió reconocer al Partit Socialista
Unificat de Catalunya como su segunda sección oficial española durante
el verano de 1939, otorgándole el mismo estatus formal que había
obtenido el Partido Comunista de España hacía más de quince años. El
comunismo español se convertía así en una excepcionalidad dentro de
las filas de la IC. La dualidad PSUC-PCE rompía el dogma vertebrador
del organismo internacional, basado en el principio de que a cada Estado
le correspondía la representación de un único partido. El proceso y
el trasfondo que condujo a esta decisión fue enormemente complejo, ya
que en él influyeron los intereses específicos de la propia IC, las tensiones
heredadas de la Guerra Civil y los primeros meses del exilio, así
como la contraposición de un amplio abanico de estrategias de los diferentes
representantes del PSUC y PCE reunidos en Moscú. No obstante,
el reconocimiento acabó quedando vacío de contenido real, ya que
fue la moneda de cambio que utilizaron la IC y el PCE para acabar consiguiendo
la sumisión final del PSUC a la esfera del PCE, así como para
iniciar una campaña propagandística mundial en favor de la imagen
internacionalista de la Unión Soviética durante la convulsa Europa prebélica
de 1939.

