La celebración del Primero de Mayo, tradición inventada por los trabajadores,
ha venido siendo considerada como el más ambicioso de los
rituales obreros a escala internacional. A partir de 1890 cada primavera,
de forma reiterada, los obreros de distintos países se movilizan para afirmar
una identidad colectiva, demostrar su fuerza ante la sociedad y los poderes
públicos y el consenso en torno a reivindicaciones comunes. En España
la celebración se desarrolla con sucesivos cambios. Sepultada con la guerra
civil, reaparece en los años cincuenta transformada en Fiesta de San José
Artesano, patrón de los trabajadores católicos. Pero en pocos años se recupera
la memoria colectiva del Primero de Mayo, como fiesta obrera por excelencia,
de lucha, de reivindicación de mejoras laborales y, también por entonces,
de libertades políticas.

