La política social y económica del régimen franquista comportó el empeoramiento
de las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población
española. La impotencia ante tal situación no impidió las críticas al nuevo
régimen y el malestar popular se convirtió en uno de los problemas internos
más preocupantes para los dirigentes del Nuevo Estado. La propaganda
en torno a la «justicia social» era esencial para la imagen que el régimen
quería proyectar de sí mismo. Sin embargo, la vida cotidiana mostró que
el discurso poco tenía que ver con la realidad. Para los falangistas ello
era especialmente dramático porque les privaba de la posibilidad de conformar
una base popular que les reforzara políticamente en el seno de la
coalición contrarrevolucionaria.

