La formación del mercado único europeo y la unión monetaria representan un decisivo giro para la economía italiana. Del saneamiento de las cuentas del Estado y del cumplimiento de otros compromisos asumidos con la adhesión, en diciembre de 1991, al Tratado de
Maastricht (y tendentes a reducir la tasa de inflación y el endeudamiento público) dependerán la efectiva integración de nuestro país en la CEE y su papel en la nueva Europa que está delineándose tras el derrumbamiento de los regímenes comunistas del Este y el ocaso del bipolarismo.

