La Ley de Navegación Marítima regula por primera vez el contrato de construcción naval, estableciendo el concepto, naturaleza, obligaciones y responsabilidad de las partes, entre otras cuestiones. A pesar de lo novedoso de estas normas, la autonomía de la voluntad de las partes juega un papel fundamental, debiendo en todo caso atenderse a los distintos contratos de construcción que se den en la práctica.

