CREACIÓN
Un sábado por medio, a la mañana, recorro a
pie, ida y vuelta, cuarenta y cuatro cuadras.
Es la distancia que media entre mi casa y la
esquina de Olazábal y Estomba. Allí viven mi hija,
Silvina, y mi yerno, Alejandro Di Paolo. No congenio
ni con ella ni con él: los visito por el placer de
juguetear con mi —hasta ahora— único nieto: Juan
Francisco.
En cambio, dedico las otras mañanas del sábado
a practicar puntería en el Tiro Federal Argentino con
diversas armas de mi propiedad.
Ese día abandoné el polígono antes de las doce. Vivo en Libertador, entre Matienzo y...

