Entre los aspectos que dan cuenta del apoyo armado a la contrarevolución
carlista, los historiadores han centrado su interés en diversos
temas: la reacción campesina ante las medidas fiscales del primer
liberalismo, el empleo de métodos coercitivos que aseguraban la recluta
carlista, la penuria económica que empujaba a sectores pauperizados
a buscar un sustento en la partida, por no mencionar otros aspectos
propios del universo ideológico y cultural de esas sociedades. No obstante,
considero que existe otra línea explicativa complementaria, que
contribuye a enriquecer la investigación sobre el tema. Me refiero al
lugar que ocuparon caudillos y cabecillas en el entramado de relaciones
sociales y políticas propio de las partidas, una línea de trabajo que
permite contemplar desde una perspectiva más compleja el conjunto
de vinculaciones existentes en esas organizaciones.

