Maurice Agulhon recordaba recientemente que «de tanto trabajar
sobre la lucha de clases, se había llegado a olvidar que la vida de
nuestro país de hacía un siglo se desarrolló sobre todo --o, cuanto
menos, también- bajo el signo de \\\"la guerra de religiones\\\"» l. En
efecto, durante varios decenios, la vida política y religiosa de Francia
se desenvolvió con un mar de fondo plagado de conflictos, a veces
agudos, a veces larvados, que oponían a clericales y anticlericales.

