El artículo estudia las relaciones entre «intelectuales» y «cultura
popular» en el proceso de construcción de la identidad nacional española.
En concreto, analiza cómo las corridas de toros, un espectáculo muy
popular desde el siglo XVIII que fue condenado por los ilustrados españoles,
quienes consiguieron suprimirlo, acabó convirtiéndose en uno de
los rasgos distintivos de lo español a mediados de la siguiente centuria.
Los «intelectuales» liberales tuvieron que hacer frente a la extendida afición
a los toros entre el pueblo español, al hecho de que éste se convirtiera
en el sujeto político fundamental tras el proceso revolucionario liberal
que se inició en 1808 y a su elevación a la categoría de depositario
último del carácter español, a través, en buena medida, del mito romántico
europeo de España. Ante esta situación algunos de ellos aceptaron el
espectáculo taurino como fiesta nacional tras negociar su imagen y adaptarlo
a la nueva sociedad liberal y burguesa.

