«Me miró directamente a los ojos... y sonrió». Esta explicación
del cabo Ediie DiFranco dio la vuelta al mundo y era todo <
mientras hacía guardia delante de la entrada del cuartel general de
los soldados norteamericanos en el barrio de Khaldeh, cerca del aeropuerto
de Beirut». Era el 23 de octubre de 1983 y dos conductores
suicidas hacían chocar contra los cuarteles de las fuerzas norteamericanas
y francesas dos camiones cargados de explosivos con el resultado
de 241 y 58 muertos, respectivamente.

