Hay profesores que labran su magisterio sobre el prestigio intelectual, lo cual es innegablemente bueno; otros se apoyan, además, en su fuerza moral, lo cual sigue siéndolo; otros, por fin, unen a las dos cualidades anteriores la calidad humana y atraen a su lado a quienes están dispuestos a aprovechar, a la vez, el saber acumulado y el modelo personal; éste es un privilegio que sólo algunos alcanzan.

