Si, en este país, el ejercicio de la crítica historiográfica se encuentra
a menudo bajo sospecha -sospecha de amiguismo, o de ritualización,
o de trivialidad ...-, es preciso admitir que, cuando crítico y
criticado han compartido un mismo terreno de investigación y sus trabajos
se hallan enlazados por muchas y recíprocas deudas científicas
y personales, las suspicacias son inevitables.

