La impresión más fuerte que produce la lectura de los estudios
publicados de historia de la historiografía en España, a finales de 1996,
es la de ser una literatura marcada por el estigma iconoclasta. Y sin
embargo, podríamos decir también que la abundante producción historiográfica
es un significativo dato de su aceptación por la academia
universitaria española. En este sentido, parece innegable que la historiografía
se ha convertido en una actividad capaz de fascinar a un
número cada vez más extenso de historiadores. Una atracción propiciada,
en parte, por el carácter polisémico de la palabra y, en parte, por la
creación de una corriente de opinión favorable a la metodología, la
teoría y la reflexión sobre la historia. De hecho, desde mediados de
los ochenta en los ambientes profesionales se ha desarrollado una forma
de pensamiento en función de la cual se ha aceptado el interés común
por el estudio de la historia de la ciencia histórica en sus diversas
manifestaciones.

