La política oficial francesa ante el bicentenario de la Revolución tuvo dos finalidades. Desde luego, la didáctica. Ciertamente, las encuestas del momento eran desoladoras: un sondeo
de Le Figaro mostraba que el 40 por 100 de los franceses ignoraba que Luis XVI hubiese sido guillotinado, y otro de Antenne 2 que, asimismo, otro 40 por 100 creía que el general De Gaulle había jugado un papel importante durante la Revolución.

