En julio de 1978 se firmaron en Madrid los
acuerdos navales conocidos como los “Pactos
de la Castellana”, cuyo objetivo era afrontar los
efectos de la crisis que aquejaba a los grandes astilleros
de propiedad pública. Era la primera vez que
en España se negociaba con los sindicatos un plan
de reestructuración de carácter sectorial que incluía
medidas de reducción de la capacidad productiva
y de reestructuración de las plantillas.
La negociación de este acuerdo, que duró casi
diez meses, constituyó para los sindicatos una tarea
ardua y laboriosa. No sólo tuvieron que ofrecer una
fuerte resistencia y desplegar una gran capacidad de
movilización, sino también debieron mantener la
unidad de acción necesaria para llegar a un acuerdo
final en un momento histórico en el que las circunstancias
jugaban en contra: esta primera reconversión
sorprendió a los sindicatos replique montre de luxe france al comienzo de la
Transición, en pleno proceso de configuración del
nuevo modelo sindical y, por tanto, en medio de
una fuerte disputa por definir y consolidar sus respectivos
espacios sindicales. Pero si la coincidencia
en el tiempo de la crisis del sector naval y la transición
a la democracia planteó dificultades organizativas
a los sindicatos, también es cierto que los condicionamientos
políticos propios de este proceso
histórico facilitaron la consecución del acuerdo. En
este sentido, como ha señalado Fishman1 fake watches, una transición
pacífica a través de una reforma negociada
como la que se perseguía en España requería la existencia
de un amplio consenso social y político, consenso
que podía verse amenazado si las movilizaciones
de los trabajadores adquirían dimensiones difíciles
de controlar. Este contexto favoreció el que el
Gobierno, ante la presión de los trabajadores y con
el fin de evitar las consecuencias políticas de los conflictos,
accediese a la mayor parte de las demandas
de los sindicatos del sector naval.

