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Cómo explicar los desacuerdos entre juristas

  • ISSN: 1126-5779
  • Revista: ANALISI E DIRITTO
  • Número: 2010

Producto en formato electrónico.
5,00 €

Resumen

Scott Shapiro ha afirmado recientemente que Ronald Dworkin planteó una
nueva objeción al positivismo jurídico en Law’s Empire, objeción a la cual los
positivistas, de acuerdo con su opinión, no han respondido de manera adecuada.
El positivismo, según esta objeción, no puede explicar satisfactoriamente lo que
Dworkin llama “desacuerdos teóricos” acerca del derecho, esto es, desacuerdos
acerca de “las fuentes del derecho” o lo que los positivistas llamarían el criterio
de validez jurídica. Coincido con Scott Shapiro en que la crítica es nueva, pero
discrepo en que ésta no haya sido respondida. El positivismo no puede ofrecer
una explicación que preserve los ”valores superficiales” de los desacuerdos
teóricos, ya que la única disputa inteligible acerca del criterio de validez es una
disputa empírica, esto es, una discrepancia sobre qué están haciendo realmente
los jueces, y cuántos de ellos lo están haciendo (ya que es la práctica que, de hecho,
llevan a cabo, así como las actitudes hacia esta práctica lo que determina el
criterio de validez jurídica, según el positivismo).
En cualquier caso, el positivismo ofrece otras dos explicaciones para los desacuerdos
teóricos que “minimizan” el alcance más que preservan los desacuerdos
acerca “de los valores superficiales”. Con arreglo a la teoría positivista, los desacuerdos
teóricos son o (1) hipócritas, en el sentido de que las partes, consciente
o inconscientemente, están intentado realmente cambiar el derecho —intentan
decir, tal y como Dworkin afirma, «lo que debería ser» no «lo que el derecho
es»— o (2) sencillamente predican en error, puesto que las partes en desacuerdo
creen, de manera honesta, que de hecho sí existe una respuesta correcta que resuelve la disputa sobre qué son las fuentes del derecho y, en consecuencia,
sobre qué es derecho, pero yerran porque, en realidad, no existe una respuesta
correcta que nos diga nada sobre las fuentes del derecho en este caso en concreto,
precisamente porque no existe una práctica convergente de comportamiento
entre los officials que constituya una regla de reconocimiento para este caso.
Este artículo indaga en las explicaciones “hipócrita” y de la “teoría del error”
de los desacuerdos teóricos, con particular atención en los criterios teóricos (por
ejemplo, simplicidad, consiliencia o conservatismo metodológico) que entran en
juego a la hora de elegir entre teorías explicativas que están en competición.
También se hará hincapié en la mejor explicación posible para Riggs v Palmer a
la luz del contexto histórico real de la decisión y de otras opiniones sostenidas
por los mismos jueces de Riggs en casos contemporáneos a Riggs.


Abstract:Scott Shapiro has recently argued that Ronald Dworkin posed a new objection
to legal positivism in Law’s Empire, to which positivists, he says, have not
adequately responded. Positivists, the objection goes, have no satisfactory account
of what Dworkin calls “theoretical disagreement” about law, that is, disagreement
about “the grounds of law” or what positivists would call the criteria
of legal validity. I agree with Shapiro that the critique is new but disagree that
it has not been met. Positivism cannot offer an explanation that preserves the
“Face Value” of theoretical disagreements, because the only intelligible dispute
about the criteria of legal validity is an empirical or “head count” dispute, that is,
a dispute about what judges are doing, and how many of them are doing it (since
it is the actual practice of officials and their attitudes towards that practice that
fixes the criteria of legal validity according to the positivist).
Positivism, however, has two other explanations for theoretical disagreement,
which “explain away” rather than preserve the “Face Value” disagreement. According
to positivists, theoretical disagreements are either (1) disingenuous, in
the sense that the parties, consciously or unconsciously, are really trying to change
the law – they are trying to say, as Dworkin puts it, “what it should be” not “what
the law is,” or (2) simply predicated on error because parties to the disagreement
honestly think there is a fact of the matter about what the grounds of law are, and
thus what the law is, in the context of their disagreement, but they are mistaken,
because, in truth, there is no fact of the matter about the grounds of law in this
instance precisely because there is no convergent practice of behavior among officials
constituting a Rule of Recognition on this point. This Article explores the
“Disingenuity” and “Error Theory” accounts of theoretical disagreement, with
attention to the theoretical desiderata (for example, simplicity, consilience, methodological conservativism) at stake in choosing between competing explanatory
theories. Particular attention is given to the best explanation for Riggs v Palmer
in light of the actual historical context of the decision and other opinions by the
Riggs judges in contemporaneous cases.

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