ESTUDIOS
Hablaba de Goethe, pero podía haberse referido a Cervantes.
Un amigo no sabía cómo enfrentarse a un estudio sobre
el autor alemán, y Ortega le dio la clave: nada de beaterías.
Hay que tratarlo como a una casta orgullosa a quien hay que hacer
un hijo para humillarla ante el mundo (IV, ). Cervantes es, en
los mismos términos, una de las matrices en la gestación del pensamiento
estético de Ortega.
Su estética es el acceso al núcleo de una metafísica en el que el
yo como la vida propia es aprehendido con un concepto mixto: yo y
circunstancia. Porque estética es voluntad de estilo: el modo en que
el hombre se desenvuelve y actúa en su entorno: cómo se relaciona
con los objetos sensibles. La suya es una estética espacial –espacial
y española– que se alimenta del legado de Cervantes. De su estilo,
en el que encuentra las claves para interpretar un nuevo tiempo
que, en su huida del objetivismo idealista, se detiene a contemplar
las cosas pequeñas.

