En el mundo altamente tecnificado que nos ha tocado vivir, uno de los contratos que, como consumidores, celebramos con más frecuencia es el que atañe al uso de programas de ordenador diseñados por empresas especializadas. En el presente artículo pretendemos ofrecer una visión panorámica de una de las modalidades de esta figura; en concreto, nos centraremos en las licencias de consumo, dilatando, de momento, la cuestión de la terminología adecuada para designar el contrato que nos faculta para usar un determinado producto de software.

