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Los símbolos políticos, el ceremonial y las distinciones oficiales del Reino de España

Los símbolos políticos, el ceremonial y las distinciones oficiales del Reino de España

  • ISBN: 9788413242958
  • Editorial: Editorial Dykinson
  • Lugar de la edición: Madrid. España
  • Encuadernación: Rústica
  • Medidas: 24 cm
  • Nº Pág.: 324
  • Idiomas: Español

Papel: Rústica
28,00 €
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Resumen

La Monarquía y los emblemas políticos despliegan una función estabilizadora y conservadora de las instituciones y de la realidad social. Los reyes, las banderas, escudos, himnos, fiestas oficiales, premios y distinciones, y demás signos fundantes de la cultura, refuerzan el imaginario colectivo, dando coherencia interna a la actividad de los órganos de gobierno y ofreciendo a los ciudadanos una sensación consoladora de protección, armonía y continuidad.
Esta apreciación es cada vez más compartida por juristas y científicos sociales, que no dudan en resaltar el valor ordenador de los rituales y dramatizaciones en la vida política.
El presente ensayo se ocupa de los cuatro símbolos más importantes de la nación española, –el Rey, la Bandera, el Escudo y el Himno–, pero también de las fiestas oficiales, de las condecoraciones, honores y premios concedidos por las Administraciones públicas, –el llamado Derecho Premial–, así como del resto de las prácticas protocolarias y ceremonias de Estado, prestando igual atención a sus aspectos valorativos que a los puramente descriptivos o normativos.
Su autor pretende demostrar como los poderes públicos de la España constitucional de 1978 han sido incapaces de generar y administrar eficientemente el capital simbólico –por emplear la expresión acuñada por el gran sociólogo Pierre Bourdieu– del que forman parte los emblemas nacionales, las ceremonias protocolarias y las distinciones oficiales. Y como esta deficiente previsión arroja un balance muy insatisfactorio en términos de cohesión social y territorial de nuestra nación. Principalmente, porque quienes se han propuesto erosionar, sin rebozo alguno, la legitimidad de nuestro sistema político han encontrado en la anorexia simbólica que padecemos un valiosísimo e inesperado aliado.

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