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La deducción por inversión en vivienda habitual

La deducción por inversión en vivienda habitual

  • ISBN: 9788498367829
  • Editorial: Editorial Comares
  • Lugar de la edición: Granada. España
  • Encuadernación: Rústica
  • Medidas: 24 cm
  • Nº Pág.: 256
  • Idiomas: Español

Papel: Rústica
21,00 €
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Resumen

La deducción por inversión en vivienda habitual, a pesar del desgaste que ha experimentado en los últimos años por la acción de una política legislativa que ha dejado de verla con buenos ojos, sigue teniendo una trascendencia incuestionable. Quienes se dedican al asesoramiento fiscal lo saben bien. Pueden confirmar que uno de los temas que suscita mayor número de consultas por parte de los contribuyentes, especialmente durante la campaña de renta en los meses de mayo y junio, es la vivienda, y en concreto la deducción que estos inmuebles ocasionan. Por consiguiente, aunque en 2006 la deducción sufriera una pérdida de capacidad muy significativa, y aunque vaya entrar en 2011 soportando los rigores de una acometida que la ha dejado seriamente dañada, es difícil encontrar un contexto donde el dicho «quien tuvo retuvo» se refleje con mayor exactitud. En efecto, la deducción va a seguir estando ahí. Con algún que otro gesto de languidez o decadencia, sin el ímpetu de antaño, pero constituyendo aún para muchos la deducción más importante que aplica cuando se enfrenta a la liquidación del impuesto. Por otra parte no olvidemos que la cosmética de las disposiciones transitorias hace milagros, de modo que aunque esta deducción algún día llegue a desaparecer, tendrán que pasar muchos años hasta que comience realmente a formar parte del olvido. Mientras duren las hipotecas que se han ido firmando durante estos años, esta deducción tendrá vida, o sea, que la tenemos garantizada por veinte o treinta años más. Escribiendo este libro hemos disfrutado, nos hemos instruido, y hemos constatado la magnitud del problema que atraviesa la justicia en nuestro país. Estamos hablando del retraso medio que acumula la administración de la justicia. Palpar de primera mano que una sentencia dictada en 2010 resolvía un conflicto iniciado en 1992, nos ha dejado un sedimento agrio de cierta desesperanza. Es algo sencillamente inaceptable. Que los jueces tengan que dictar las sentencias con manuales

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